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22 abril, 2024

El cabo Adán, asesino de Tatiana, iba a volver al Ejército en Navidad: un gato fue el único testigo de su crimen

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Los vecinos, que pensaban que Tatiana se ganaba la vida limpiando residencias de ancianos en Oviedo, oyeron maullar al gato un día sí y otro también. Aquellos días de febrero pensaron que, quizá, su dueña le habría dejado solo. Pero su dueña, que se ganaba la vida como prostituta y recibía a los clientes en su piso, estaba desnuda, muerta, en la bañera de la casa. Su gato había sido testigo del crimen y maullaba en busca de ayuda.

El asesino, un militar asturiano, el cabo Adán, había salido de allí poco antes de las siete de la tarde del 9 de febrero. Media hora después, ya estaba en su casa familiar de Pola de Lena. CASO ABIERTO, canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica, reconstruye el caso y la investigación policial que permitió detenerlo.

Erika, Lara, Anita…

Tatiana Coinac nació en Moldavia hace 44 años, pero tenía nacionalidad española. Su madre había vivido en Oviedo, donde conoció a un hombre con el que se fue a la provincia de Castellón. Sola con su gato, Tatiana se dedicaba a la prostitución. Atendía a los clientes en su piso de la calle Amsterdam de Oviedo. Una videollamada erótica, 20 euros. Sexo físico, presencial, unos 50 euros.

Tatiana se anunciaba en páginas eróticas, luego hablaba por WhatsApp con los clientes que la buscaban. Y anotaba en folios sueltos los números de teléfono de los hombres con los que tenía citas sexuales, también el nombre de guerra que utilizaba con ellos. Para sus clientes, Tatiana podía ser Erika, Lara y Anita. Así lo anotó la primera semana de febrero y el día de su asesinato, el 9 de febrero, entre las tres y las ocho de la tarde, según la autopsia.

Empleados de la funeraria introducen el cadáver de Tatiana, asesinada en su piso de Oviedo el 9 de febrero. IRMA COLLIN

Ese folio con los números de móvil de unos 25 clientes de la última semana antes de que la mataran sirvió a los investigadores de la UDEV Central de la Policía para arrancar las pesquisas a la antigua. Se hicieron pasar por empleados de empresas de telefonía y empezaron a contactar con los clientes de Tatiana. No siempre fue fácil. En algunos casos, los números de móvil de esos hombres estaban a nombres de las empresas donde trabajaban, otras veces las titulares de la línea que usaban ellos eran sus esposas o sus madres.

Los agentes investigaron a 65 hombres, clientes de Tatiana. Para contactar con ellos, los policías se hicieron pasar por empleados de empresas de telefonía. En algunos casos, los móviles estaban a nombre de sus esposas o madres

Los agentes investigaron a 65 puteros y llegaron a citar a 31 hombres de todos los perfiles que habían pagado por sexo con Tatiana: estudiantes, trabajadores, algún empresario, incluso un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Muchos le pagaban por Bizum, para no dejar huella, alguno ponía en el concepto: gasoil.

23 de esos hombres pasaron por la comisaría de la Policía Nacional en Oviedo para contar cómo y cuándo estuvieron con la mujer. Pronto tuvieron también los detalles de las llamadas. Dos números sobresalían. Un tipo había hablado mucho tiempo con Tatiana el día de su muerte; otro lo había hecho en una hora crítica. Tatiana había dejado de contestar mensajes poco después de las seis de la tarde. Incluso algún cliente vio anulada su cita después de esa hora ante su silencio. Ya estaba muerta.

Un policía, accediendo al interior del bloque de viviendas donde fue asesinada Tatiana Coinac. | Irma Collín

El militar condenado

Uno de los dueños de esos dos teléfonos móviles era un antiguo militar, el cabo Adán. Condecorado por su participación en zonas de conflicto como Líbano y Afganistán, vivía con su familia en Pola de Lena. Los investigadores lo chequearon como a un cliente más. Comprobaron que había estado otra vez con Tatiana, un mes antes de matarla. Investigan su pasado y les llaman la atención dos episodios. Había sido condenado por distribuir fotos eróticas de una compañera. Y, en 2022, fue condenado de nuevo por abusar de una soldado cuando estaba destinado en Jaca (Huesca). Vieron que no tenía historial psiquiátrico ni de enfermedades mentales.

El teléfono móvil lo situaba cerca de la casa de Tatiana en las horas críticas. Una cámara de seguridad de la barriada, en la colonia Santa Bárbara, lo había grabado a su llegada y a la salida de su visita a Tatiana la tarde del asesinato. Agentes de la Policía Local de Oviedo recuperaron las imágenes donde se le ve, con una chaqueta negra, entrando, aparcando y saliendo a unos 45 metros de la casa de Tatiana.

El mayor informe de ADN

Paralelamente, agentes de Inspecciones Oculares han desmontado literalmente el piso de Tatiana, el lugar del crimen. Van a realizar lo que uno de ellos llama «el informe más grande de ADN que se ha hecho». Recogen unos doscientos vestigios, se llevan piezas enteras al laboratorio. En el piso hay ADN de varios hombres. El del cabo Adán está en una peluca tirada en el salón y en las fundas de almohada. Tatiana tenía un problema de alopecia y utilizaba pelucas para disimularlo. La víctima, desnuda y lavada en la bañera, no tiene restos de ADN de su asesino.

Un veterano investigador se da cuenta de que en el cuarto de baño hay dos huellas parciales de lo que parece una zapatilla de deporte. El asesino ha pisado algo graso, posiblemente un lubricante. En el laboratorio se identifican esas huellas como de unas zapatillas Adidas Galaxy, pero es un modelo muy común. Cuando le vigilan, los agentes ven que el Cabo Adán lleva muchos días unas Galaxy negras. De hecho, el día que lo detienen a la salida de su casa, también las lleva puestas. Son sus preferidas.

Otra prostituta

El crimen fue el 9 de febrero, el cabo Adán fue detenido el 29 de mayo. Los investigadores sabrán luego que después de matar a Tatiana, el hombre recurrió, al menos una vez más, a los servicios de otra prostituta en Oviedo. Durante esos meses hizo una vida normal, fue al cine y trabajó en reparación y mantenimiento de carreteras y vías públicas. Muy pronto iba a poder volver al Ejército si lo deseaba. El 25 de diciembre de este año era la fecha en que podía reincorporarse tras su última condena.

Tras ser detenido, el cabo Adán colaboró con los investigadores y les entregó la ropa que llevaba puesta el día del crimen. Confesó que había matado a Tatiana, según su versión, tras una discusión por el precio de sus servicios sexuales en la que ella, dijo, le atacó con un perchero, y él se sintió «amenazado». Aceptó también la sugerencia de los agentes de la UDEV de acudir al piso y participar, con abogado y juez de guardia, en una reconstrucción del asesinato que fue grabada en vídeo y constará como prueba en el caso. En esa versión niega haber agredido sexualmente a Tatiana, a pesar de que la autopsia indica lo contrario. Desde entonces se ha negado a declarar.

La madre de Tatiana decidió enterrarla en Oviedo, su último hogar. En su coche guardaba, junto a la palanca de cambios, la imagen de un santo ortodoxo para que la protegiera. Su gato, un persa negro con el que acostumbraba a pasear de madrugada por el barrio, que fue su compañero de vida y testigo de su asesinato, fue acogido por una sociedad protectora de animales de la ciudad.

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