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14 junio, 2024

Alberto Dalla Vía, titular de Cámara Electoral: «Nosotros cuidamos las reglas del juego político, somos los árbitros»

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Cumplimos 40 años desde la recuperacion de la democracia, y en este último turno electoral se viene registrando una fuerte caída en la participación. ¿A qué se lo atribuye? 

Yo veo algo muy positivo: pasaron 40 años desde que recuperamos la democracia y estamos votando. Es el vaso medio lleno, frente a los niveles de pobreza de insatisfacción, la pérdida de la calidad de la democracia y el descontento como dato general en todo el mundo.

¿El desdoblamiento masivo del calendario electoral en las provincias ayuda o desalienta la participación popular?

Cuando las elecciones se separan, como está ocurriendo, la gente tiene que ir a votar muchas veces. Eso resiente el nivel de participación y produce un cierto desgaste.

¿Cómo vislumbra la secuencia de elecciones nacionales?

Me parece que va a haber más participación en la general que en la PASO, y que las elecciones de las provincias son distintas a las nacionales, porque en estas se elige al presidente. Habitualmente eso genera más participación.

¿Qué nivel de complejidad y demoras se esperan para la elección del 13 de agosto?

Va a ser una elección complicada, tanto en la ciudad como en la provincia de Buenos Aires. Por eso quiero recomendar que la gente trate de ir a votar temprano, que use la mañana y el mediodía: la elección se va a demorar por la cantidad de boletas que hay en la Provincia y la elección concurrente en la Capital Federal, con dos sistemas de votación distintos. También es importante ir al cuarto oscuro con el voto decidido para cada sección de la boleta. Pero habrá que tener paciencia.

¿Por qué se espera un trámite complejo en la Provincia?

Porque en los cuartos oscuros habrá muchas boletas: más de veinte listas presidenciales, 26 listas para gobernador, 60 listas de senadores, 54 para diputados, 52 para parlamentarios del Parlasur. Tanto la votación como el escrutinio y los resultados se van a demorar. Confeccionar las planillas será difícil, y los telegramas con los resultados van a tener como mínimo tres hojas. No quiero meter miedo, sólo que la gente tenga paciencia. Esto será en las PASO, la elección general será más rápida.

¿Cómo se interpreta esa superabundancia de candidatos?

Significa que la Argentina es un país de mucha participación política, y eso es muy bueno. Yo soy de los que creen que la política no está tan mal, por lo menos en lo que hace a la política institucional. Nosotros resolvemos nuestros problemas votando, los conflictos están en los discursos

Los políticos acuden cada vez más a los tribunales para definir candidaturas, listas, fechas y alianzas. ¿Cómo ve este fenómeno?

Es cierto que la Corte intervino en varias cuestiones electorales este año. Cuando se trata de interpretar Constituciones provinciales, es una competencia originaria del máximo tribunal. Pero lo que la experiencia demuestra es que las cuestiones electorales desgastan mucho a los Superiores Tribunales. Es un tema que merece una reflexión, porque siempre la lucha electoral tiene el problema del corto plazo. Desde la Cámara Electoral tenemos la costumbre de arbitrar en este tipo de cuestiones, una jurisprudencia de observación obligatoria para nosotros, y en todo caso sufrimos el desgaste nosotros.

¿Por qué se multiplicaron los reclamos provinciales?

En la Argentina hay cada vez más injerencia de las provincias en las cuestiones electorales, lo que antes no pasaba. El artículo 122 de la Constitución dice que cada provincia organiza sus elecciones y elige a sus autoridades locales. Pero no era así la práctica política argentina: después de que sancionó la Ley Sáenz Peña, en 1912, todo lo organizaba la justicia electoral nacional. Sin embargo, en los últimos años se empezaron a separar elecciones.

Es positivo esta suerte de «federalismo electoral»?

Hay un condimento de oportunidad política, y tiene que ver con la boleta que arrastra. Cuando hay un liderazgo presidencial fuerte, la tendencia es que las provincias votan el mismo día. Si no lo hay, las provincias tienden a separar las elecciones.

¿Y eso qué consecuencias tiene para el sistema?

El problema es que, por desgracia, hay distintos niveles de ciudadanía en la Argentina. Lo digo con preocupación y alguna vez me valió muchos problemas, pero ahora lo está diciendo la Corte. Hay elecciones que están hechas por la policía provincial, por un tribunal que no es judicial, y además hay leyes de lemas, acoples, un montón de variantes. Lo digo con mucho cuidado y respeto, porque quiero que el federalismo sea la unidad en la diversidad. Debería haber un acuerdo federal en estas cuestiones, para equiparar el ejercicio de la ciudadanía en todo el territorio nacional. A nosotros nos preocupa el financiamiento de las campañas.

¿Por qué?

Porque mientras a nivel federal existen normas de financiamiento, en muchas provincias no las hay. Y el narcotráfico no financia la candidatura de presidente, se interesa en la territorialidad. Es un tema que debería preocupar a todos.

¿Cómo es el mapa electoral argentino?

Tenemos 700 partidos nacionales, o sea partidos de distrito, que pueden elegir senadores y diputados en una provincia. Para ser un partido nacional que proponga presidente y vice, tiene que tener presencia en al menos cinco distritos. A la vez, están los partidos provinciales y municipales, que ofrecen candidatos para las autoridades locales. Pero en la práctica, generalmente el partido nacional de distrito y el partido provincial son lo mismo. Por ejemplo, la UCR Córdoba es partido nacional de distrito y partido local cordobés. Pero cuando nosotros les pedimos la rendición de cuentas, nos contestan que «eso es cuestión del partido provincial, nosotros manejamos lo federal». Y ahí se abre un mundo: la mayoría de las leyes provinciales no tienen límites de gastos de campaña, no tienen control de aportes. Dije Córdoba para poder explicarme, pero no me refiero a ellos.

Ese riesgo que usted describe se combina con la exuberancia del sistema electoral argentino: lemas, acoples, boletas según colores, voto electrónico…

Somos el país de la viveza criolla, hay que tenerlo en cuenta. Yo creo que en Argentina, a nivel nacional el sistema electoral es confiable, tiene mucho de tradición. Nunca han sido las sanciones lo que llevó a la gente a votar, aunque están previstas y cada vez las estamos aplicando más. Pero tenemos una cultura cívica superior a la de otros países.

En los últimos años creció mucho el apoyo y la presión para que se adopte el sistema de boleta única de papel.

Nosotros​ la apoyamos.

¿Son transparentes las elecciones en la Argentina?

En la Argentina la gente cree que quien ganó la elección es el triunfado genuino. La legitimidad de origen está muy respetada. No pasa lo mismo con la legitimidad de ejercicio, que tiene que ver con la manera en que se ejerce el poder. De la crisis del 2001 salimos votando, el adelanto de las elecciones en 2003 que hizo Duhalde sirvió para aflojar la tensión y resetear el sistema. Ese entusiasmo que nació en 1983 cero que es un valor que perdura y que tenemos que cuidar. Por eso no hay que agotar a la gente.

Alberto Ricardo Dalla Vía, presidente de la Cámara Nacional Electoral. Foto Federico Lopez Claro.

Alberto Ricardo Dalla Vía, presidente de la Cámara Nacional Electoral. Foto Federico Lopez Claro.
Volvamos a las trampas electorales, esa zona gris entre la viveza y el fraude.

En la justicia electoral entendemos por fraude que no gane el que realmente ganó, que se cambie el resultado. Y yo creo que eso no es una realidad entre nosotros. Hubo prácticas masivas de fraude en el pasado, pero no es así al menos desde que se recuperó la democracia. Otra cosa es que no tengamos esa viveza criolla. Hay incidencias. Si no hubiera riesgos de que haya trampa no estaríamos nosotros para revisar los votos impugnados y recurridos.

Los políticos insisten en la capacidad de fiscalizar la elección como un factor clave para poder ganar, o mas bien para que no les hagan perder. ¿Por qué?

Nuestro sistema descansa mucho en la fiscalización de la mesa, donde el presidente y los fiscales hacen el acta de la elección, con la cual se hace el escrutinio definitivo. Para nosotros es casi como una escritura pública. Unicamente si hay alguna irregularidad muy grave se puede abrir la urna. Si se fuera a la boleta única de papel se facilitarían muchas cosas. Porque la provee el Estado, los partidos no tienen que imprimirlas, repartirlas ni reponerlas en los cuartos oscuros.

¿Está de acuerdo con la ley de lemas?

Hasta ahora no hubo pronunciamientos de la Corte sobre la ley de lemas -cuando llegó un planteo por Santa Cruz decidió no intervenir-, y yo en lo personal tengo serias objeciones con ese mecanismo. Lo digo como profesor de derecho constitucional. El voto no termina siendo directo sino imputado a otro candidato distinto al que el elector puso en la urna. Los acoples que usan en Tucumán tampoco me parecen buenos.

La semana pasada, al Tribunal intervino sobre la conformación de las boletas de Unión por la Patria en Tigre, donde el intendente Zamora buscaba pegar la suya a la candidatura de Sergio Massa, cuya esposa -Malena Galmarini- es su adversaria en el distrito. Finalmente se le negó esa posibilidad, aunque usted votó en disidencia. ¿Por qué?

Tuvimos una discrepancia jurídica, algo común en los tribunales. Nosotros juzgamos a la política, pero jurídicamente. Tratamos de llegar a un acuerdo, pero yo tenía un análisis diferente al que arribaron los doctores Santiago Corcuera y Daniel Bejas. Yo consideré que como la Junta Electoral provincial ya había decidido que Zamora podía pegar su boleta a la de Massa, no teníamos por qué revisarlo si no había un hecho o pedido en contrario. En cambio mis colegas consideraron que, como no había intervenido el juez, el tema estaba pendiente. Y decidieron que para que ambos candidatos pegaran sus boletas debía haber compromiso de los dos. Yo me basé en el texto del decreto, que habla de «compromiso expreso», y ellos tomaron las palabras del apoderado partidario Juan Manuel Olmos, quien dijo que no había afectio y una comunidad política entre los dos candidatos para unir sus boletas. En la Cámara podemos tener diferencias, pero todos ponemos la firma y los fallos salen por mayoría. Es nuestro trabajo.

¿Por qué hubo críticas a la Cámara luego de ese fallo?

Porque somos un tribunal que juzga a la política. Y eso nos coloca muchas veces en la mirada del debate agonal, partidario. Pero como decía Aristóteles en la Política, nosotros operamos sobre la dimensión arquitectónica de la política. La de las instituciones y las reglas de juego. Nosotros cuidamos las reglas del juego político. Somos los árbitros, y tenemos que cuidar el reglamento con el cual la política se desenvuelve. A veces ese reglamento está muy claro, pero hay situaciones en las que aparecen grises, y a nosotros nos toca salir a interpretarlas.

¿Es más difícil ejercer la función que le toca a la Cámara en tiempos de grieta política?

Sí.​ Es más difícil ser entendido, porque en la grieta hay incomprensión. Muchas veces tenemos problemas cuando intervienen en materia electoral jueces que no son electorales. Porque nosotros somos jueces electorales permanentes, y esa estabilidad y continuidad nos puso y nos pone a fallar para un lado y para el otro en reiteradas ocasiones. Tenemos para mostrar nuestra jurisprudencia.

Con el fuego de la primavera democrática intacto, y la «desgracia» de ser radical

El hilo de su voz sedosa se desenrolla con una cadencia inmutable, pese a que en varios tramos de la conversación Alberto Dalla Vía no esquiva el ripio que le proponen las preguntas. Radical de la vieja guardia, su despacho en el viejo -y hermoso- edificio del Banco Hipotecario tiene las paredes tapizadas de títulos, posgrados, premios y menciones que dibujan un burocrático mosaico vertical.

“Es una desgracia ser radical”, sonríe con ganas. “Los correligionarios vienen a preguntar cosas como a un oráculo y al minuto siguiente te olvidaron”. El juez sin embargo no comparte esa costumbre: debajo de los cuadros, sobre una pestaña de madera que funciona como un voladizo a la altura de los ojos, una larga hilera de fotos lo muestra con sus hijos, con sus colegas y familiares. Otra foto, en la que discretamente aconseja reparar, lo llena de orgullo: en ella luce, tan joven como la docena de personas que rodean al mítico abogado y profesor Carlos Nino, junto a un grupo de sus discípulos más cercanos. Entre ellos, a la derecha de la imagen, se codean el ministro de la Corte Carlos Rosenkrantz y el constitucionalista Roberto Gargarella.

“Éramos un equipo de lujo”, se inflama. Ellos son conocidos, pero todos los que están ahí hicieron carrerones en el Derecho. Ese fuego que teníamos cuando se recuperó la democracia todavía lo siento. Y por eso soy optimista: en Argentina nuestras diferencias se saldan votando. En estos 40 años el sistema sufrió amenazas tremendas, pero resistió”.

Dalla Vía atiende y escribe en esa oficina con ventana a la avenida Alem, a la que se llega luego de dos antedespachos con gente que lo ayuda y, de un modo casi imperceptible, también lo mima. Cuando terminamos la entrevista, pide que lo acompañe a ver el pequeño museo electoral que se ofrece en la planta baja, y deshacemos la escalinata de mármol desde el primer piso, porque el ascensor principal no funciona: se descompuso hace un tiempo y no se puede importar el repuesto necesario para arreglarlo.

“Mirá, acá están las boletas originales, sellos, pósters y memorabilia de casi todas las elecciones del siglo XX y hasta ahora. Y allá están las fichas electorales de Perón, Irigoyen, Frondizi, el primer indígena registrado y hasta el asesino serial conocido como el Petiso Orejudo”, se entusiasma.

Pero el reto más desafiante para el camarista y sus dos colegas es la organización de los dos debates electorales obligatorios entre los candidatos, como ocurrió en 2019.

“Es muy motivante para nosotros. Nos lleva un poco al mundo del espectáculo, donde juega el interés de los candidatos por mostrarse, también de los periodistas moderadores. Los debates serán el 1 y el 8 de octubre. Esperamos las PASO para ver quiénes son los candidatos, pero desde el año pasado estamos haciendo tareas preparatorias con la Cámara de Productores Independientes (CAPIT). Ya estuve en Santiago del Estero, donde será el primer debate, una vieja estación de trenes convertida en fórum que es buenísimo. Hay un entusiasmo tremendo allá por hacer el debate, recibir a los candidatos, a los periodistas. El otro se hará en la Facultad de Derecho de la UBA, como la vez pasada. Ahora nos preocupa hacerlo más dinámico, atraer más a la audiencia”, explica Dalla Vía, en su novedoso rol de productor televisivo.

Alberto Ricardo Dalla Vía, presidente de la Cámara Nacional Electoral. Foto Federico Lopez Claro

Alberto Ricardo Dalla Vía, presidente de la Cámara Nacional Electoral. Foto Federico Lopez Claro

Itinerario

Alberto Dalla Vía tiene 66 años y dos doctorados de la Universidad de Buenos Aires, en Derecho Constitucional y en Ciencia Política. Es Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la UBA. Académico de Número de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales, ex Presidente de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional y de la Asociación Argentina de Derecho Comparado, premio Konex en 2008 y 2016 y autor de 27 libros, desde el 2001 integra la Cámara Nacional Electoral, de la que ahora es presidente.

Al toque

Un proyecto: Escribir una novela.

Un líder: Raúl Alfonsín.

Un prócer: Juan Bautista Alberdi.

Una comida: El asado.

Una bebida: Un buen vino Malbec.

Un placer: Los viajes.

Una sociedad que admire: La italiana.

Un recuerdo de la infancia: El barrio y la escuela de Zapala.

Un sueño: Un viaje en auto por la Toscana Una película: Casablanca.

Una serie: Vikingos

Un libro: En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

Un desafío: Inscribirme como alumno en filosofía.

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