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20 abril, 2024

Por qué EE.UU. es superior en el capitalismo del siglo XXI

Noticias y curiosidades del mundo

Por

Jorge Castro

Analista Internacional

En términos de capacidad de compra doméstica (PPP) – lo que los individuos pueden comprar en su propio país – la economía china ha superado a la norteamericana desde 2016, debido a que el PBI de la República Popular (PPP) representa 19% del producto global, en tanto que el estadounidense alcanza sólo a 16% del total. Conviene agregar que el producto chino era 4% del total global en 1990.

Sin embargo, si se lo mide en dólares constantes, que son los que fijan el poder relativo de cada país en el mundo, la economía de EE.UU es de lejos la primera del sistema mundial.

El producto norteamericano asciende hoy a US$25,5 billones, lo que representa 25% del PBI global, y es el mismo porcentaje de los últimos 30 años, mientras que el de China – fijada en esa escala – es 19% del total; y esta diferencia de 6 puntos porcentuales se mantiene en la última década.

Lo más significativo respecto a EE.UU., y sobre todo revelador de su extraordinario vigor económico, es su creciente dominación en el mundo avanzado.

Así, EE.UU. representaba 40% del PBI del G-7 en 1990, y ahora alcanza a 58% del total; y su PBI per cápita era superior al europeo hace 30 años en 24% (PPP) y ahora ha aumentado a 30%.

La razón de esta creciente disparidad entre EE.UU. y el resto del G-7 está directamente vinculada al superior nivel de productividad estadounidense, que aumentó 67% entre 1990 y 2022, en tanto que en Europa se elevó 55% y 51% en Japón.

Entonces se creía que Alemania y Japón iban a suceder a EE.UU. en el liderazgo capitalista, consecuencia de una inexorable “decadencia” norteamericana.

Parece ocurrir lo siguiente: la historia norteamericana es un manual de texto del dinamismo capitalista, y como tal un ejercicio sistemático de rechazo a las “visiones malthusianas”.

Esto se revela en una cuestión central: en medio de todas las dificultades de orden político y económico la fuerza de trabajo estadounidense no deja de crecer, y en vez de disminuir por envejecimiento o defunciones, como sucede en Alemania, y en forma mayúscula en Japón, se amplía cada vez más.

De ahí que la fuerza de trabajo de EE.UU. entre 25 y 64 años de edad ascendiera a 127 millones de operarios en 1990, y aumentó a 175 millones en 2022, un alza de 38% en ese periodo, en tanto que en Europa, con epicentro en la República Federal, aumentó solo 9%, y 7% en Japón.

EE.UU., en suma, es un país “excepcional”. La arrogancia que muchas veces muestran los norteamericanos tiene raíces estructurales para serlo.

La ética del trabajo, que es la causa primordial según Max Weber de la expansión capitalista, está esencialmente vigente en la sociedad norteamericana; y esto hace que los operarios estadounidenses trabajen 200 horas más por año que los europeos, incluso que los alemanes. Pero, agrega “The Economist” con una cierta ironía británica, que aún así los trabajadores norteamericanos se desempeñan 500 horas menos por año que en China, que es la superpotencia emergente cuya fuerza de trabajo asciende a 900 millones de operarios, y que tienen una especial devoción laboral surgida de sus 5.000 años de historia.

Un dato crucial en el sentido estratégico de la competencia mundial es que EE.UU. es un imán invencible en la atracción de los profesionales y técnicos más calificados provenientes del mundo entero; y sus universidades son su gran factor de atracción, cuya participación en el ranking global determina inequívocamente toda su relevancia: de las 15 principales universidades del mundo contemporáneo, 11 son norteamericanas, y en ellas enseñan 78 Premios Nobel, de los cuales solo un tercio son norteamericanos de origen.

En cuanto a los alumnos extranjeros en las universidades y centros de investigación norteamericanos un dato que conviene retener es que la comunidad mayor está constituida por los más de 350.000 estudiantes provenientes de la República Popular, que suelen estar en el tercio de arriba de los de mejor desempeño.

La búsqueda constante de lo nuevo, unida siempre a un afán de superior ganancia, está en el núcleo del “ethos” norteamericano; y una manifestación de este rasgo vital es que en 2021 se crearon 5, millones de nuevas empresas, récord histórico a pesar de la pandemia, lo que implica un auge de 53% a contar de 2019.

EE.UU., con todas sus dificultades, contradicciones, errores y horrores es una cantera aparentemente inagotable donde proliferan los Steve Jobs (Apple) y los Mark Zuckerberg (Facebook), que se renueva una y otra vez, desafiando todos los pronósticos sobre la “decadencia” inminente.

Alexis de Tocqueville, en “La Democracia en América” de 1838, a la que definió como un “libro-reportaje” surgido tras recorrer detenidamente en diligencia gran parte del territorio norteamericano de entonces, independizado solo 50 años atrás, señaló con precisión periodística el siguiente punto central: “EE.UU no es el futuro del mundo, pero es el país del mundo donde el futuro llega primero”.

Marx y Tocqueville son – como creía Raymond Aron – las grandes figuras intelectuales del siglo XIX; y para comprender el siglo XXI conviene tomar al pie de la letra sus intuiciones fundamentales

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