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20 abril, 2024

Cómo es el vínculo entre Juan Román Riquelme y Lionel Messi: entre rumores de una pelea surgió una amistad de oro

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“Messi va a estar”, anunció Juan Román Riquelme el miércoles, durante la conferencia de prensa en la que presentó su partido despedida, que se disputará el 25 de junio en la Bombonera, justo un día después de que Román cumpla 45 años y que Leo sople 36 velitas. La presencia del capitán del seleccionado argentino, que tomó por sorpresa a muchos, permitirá el reencuentro de dos cracks que con la camiseta albiceleste celebraron un título olímpico, lamentaron dolorosas derrotas y debieron enfrentar rumores de un enfrentamiento que siempre negaron.

El rosarino todavía era un adolescente cuando Barcelona desembolsó aproximadamente 11 millones de euros para sumar a Román a sus huestes. En el año que transcurrió antes de su cesión a Villarreal, el exjugador de Boca jugó 42 partidos, en los que marcó 6 goles y entregó 9 asistencias. En esa temporada, Leo aún se desempeñaba en el equipo de cadetes del Barça que obtuvo el Campeonato de Catalunya. Recién debutaría en el equipo principal el 16 de octubre de 2004, en una victoria 1 a 0 ante Español en el Estadio Olímpico de Montjuic.

El encuentro entre ambos se produjo en el seleccionado dos años después de que Riquelme se alejara del territorio catalán. Messi debutó en el combinado nacional el 17 de agosto de 2005, en aquel recordado duelo ante Hungría en Budapest en el que estuvo sobre el césped apenas unos segundos antes de ser expulsado. Ese día, Román faltó. José Pekerman lo había incluido en la lista de convocados, pero lo desafectó seis días antes del duelo. Si bien la decisión fue justificada por una lesión nunca confirmada, en el medio hubo un pedido de Villarreal para que fuera liberado de ese compromiso.

Riquelme, Messi y el Topo Gigio.

Riquelme, Messi y el Topo Gigio.
Por ello, el primer choque del que ambos participaron fue dos semanas después, el 3 de septiembre, cuando Argentina perdió 1 a 0 con Paraguay en el Defensores del Chaco por la 16ª fecha de las Eliminatorias para el Mundial de Alemania. Pero ese día tampoco pudieron sintonizar, ya que Riquelme, que fue titular, fue reemplazado por Andrés D’Alessandro a los 26 minutos del segundo tiempo, mientras que Messi entró nueve minutos más tarde por César Delgado.

Tuvo que pasar más de un mes para que finalmente los dos jugadores que más expectativas generaban en los hinchas argentinos coincidieran en un terreno: el 9 de octubre, el seleccionado venció 2 a 0 a Perú en el Monumental y ambos fueron titulares. Román marcó el primer tanto, de penal, tras una falta del arquero Leao Butrón sobre la Pulga, quien ese día jugó su primer partido completo con el combinado mayor y el primero en suelo nacional.

Si bien entonces ya era vox populi que su ídolo era Pablo Aimar, Messi se había mostrado ilusionado con la chance de tirar paredes con un hombre al que también admiraba. “Argentina tiene grandes jugadores como (Carlos) Tevez, (Sergio) Agüero o (Javier) Saviola, pero Riquelme es diferente. Estando bien o mal físicamente, es un futbolista distinto”, había asegurado en la víspera del choque con los peruanos. “Ojalá podamos jugar juntos, sería un placer”, había devuelto la gentileza el astro de Don Torcuato.

El día que Riquelme le regaló la 10 de Boca a Messi, cuando jugó con la Selección en la Bombonera. Foto: Redes sociales.

El día que Riquelme le regaló la 10 de Boca a Messi, cuando jugó con la Selección en la Bombonera. Foto: Redes sociales.
Dos meses después de aquella primera experiencia compartida, se encontraron frente a frente por primera y única vez en sus carreras. El 4 de diciembre de 2005, un imparable Barcelona, que sumaba ocho victorias consecutivas (su récord llegaría hasta 17), batió 2 a 0 a Villarreal en El Madrigal por la 14ª fecha de la Liga de España. Ese día también Juan Pablo Sorín, Rodolfo Arruabarrena, Gonzalo Rodríguez y Luciano Figueroa fueron titulares en el Submarino Amarillo.

Por entonces, ya se estaba fraguando una fuerte presión para que Pekerman incluyera a Messi en el plantel que disputaría la Copa del Mundo unos meses después. Y Riquelme, a su manera, se sumó a esa iniciativa. “Él lo está haciendo muy bien y tenemos la suerte de que es argentino. Todavía es joven y debe seguir aprendiendo muchas cosas. Ojalá siga creciendo a este nivel y tengamos la suerte de que pueda estar con nosotros en el Mundial”, se ilusionó un día antes del partido en El Madrigal.

Finalmente Pekerman se decidió y convocó a Leo para jugar en Alemania. Y en una rueda de prensa en Ezeiza que el plantel ofreció antes de viajar, Riquelme le sopló una respuesta a Messi cuando dudó frente a la consulta de rigor sobre si eran compatibles y podían jugar juntos. «Vos decí que sí, boludo», le dijo Román con una sonrisa y Leo respondió afirmativamente.

Pekerman le dio a Messi mucha menos actividad que la esperada: solo fue titular en el duelo ante Holanda por la última fecha del grupo C (cuando la clasificación ya estaba asegurada), entró un puñado de minutos frente a Serbia y Montenegro (marcó un tanto) y contra México, y se quedó en el banco en el debut ante Costa de Marfil y en el doloroso choque contra Alemania por los cuartos de final. Román, en cambio dio el presente desde el inicio en los cinco encuentros.

El arribo al banco de Alfio Basile tras la desvinculación de Pekerman tuvo como correlato un mayor protagonismo para Messi. Sin embargo, también coincidió con la primera renuncia al seleccionado de Riquelme, quien había sido designado capitán por el Coco. El 13 de septiembre de 2006, 10 días después de una derrota 3 a 0 ante Brasil en Londres con la que se abrió aquel ciclo, el enganche comunicó su decisión tras haber sido duramente criticado en los medios.

Román come una manzana junto a Aimar; Messi, más adelante con Coloccini. (AP)

Román come una manzana junto a Aimar; Messi, más adelante con Coloccini. (AP)
“No tuve que pensarlo mucho tiempo. Desde que finalizó el Mundial, mi mamá estuvo internada dos veces. Antes que el fútbol está mi familia. Mi vieja es lo más grande que tengo en la vida y mi responsabilidad es cuidarla. No tengo derecho a hacerla sufrir por jugar en la Selección. Hablan tanto de mí que se pone mal, se pone triste, se hace mala sangre”, alegó entonces.

Su ausencia duró menos de un año. Después de un semestre de altísimo vuelo en Boca (había sido cedido a préstamo por Villarreal), en el que condujo al equipo a la obtención de su sexta Copa Libertadores, regresó al seleccionado para disputar la Copa América 2007 en Venezuela.

Ese fue uno de los dos certámenes en los que el experimentado conductor del combinado nacional y su joven heredero mostraron una sintonía muy ajustada. Riquelme tuvo una actuación descollante en ese torneo, en el que marcó cinco goles (solo uno menos que Robinho, el máximo anotador) y dio tres asistencias. Entre ellas, una para Messi en la victoria 4-0 frente a Perú en los cuartos de final. Pero ese equipo que amenazaba con poner fin a una sequía de 14 años sin títulos terminó estrellándose en la final ante un implacable Brasil, que le ganó 3 a 0 en Maracaibo.

Riquelme y Messi juntos en la Selección en los Juegos de Beijing. (AFP)

Riquelme y Messi juntos en la Selección en los Juegos de Beijing. (AFP)
A partir de ese traspié, comenzaron los dimes y diretes sobre el supuesto maltrato de Riquelme sobre la estrella en ascenso y el aparente malestar de Messi por la forma de conducción que ejercía el enganche en el plantel. El diferendo, real o imaginado, abandonó su estado subterráneo y quedó expuesto en junio de 2008, después de un partido contra Ecuador por las Eliminatorias para Sudáfrica 2010.

“Vamos, nene. ¿Qué te pasa? Vos tenés que ser el líder de este equipo”, le habría dicho Julio Humberto Grondona a Messi antes de aquel encuentro en el vestuario local del Monumental y en un volumen suficiente para que lo escuchara el resto del plantel. Esa respaldo, que llevaba apenas velada la exigencia de que ocupara un lugar que todavía le pertenecía a Riquelme, habría molestado al enganche.

Tras el empate ante Ecuador en Buenos Aires, el seleccionado viajó a Belo Horizonte para enfrentar a Brasil. En la conferencia de prensa previa a ese encuentro, Román fue consultado sobre el supuesto mal vínculo con Messi. “Es un invento más que me ponen en el camino. Mañana van a decir que estoy peleado con Javier (Zanetti, quien estaba sentado a su lado)”, respondió. Grondona también negó las versiones que lo tenían como protagonista: “No empiecen a inventar cosas. Son mentiras totales. Nunca entré al vestuario”.

Riquelme ejecuta, Messi mira.  (AFP)

Riquelme ejecuta, Messi mira. (AFP)
Mientras el combinado mayor no lograba hacer pie en las Eliminatorias, el sub-23 viajó a Pekín para disputar los Juegos Olímpicos. Ese plantel, que conducía Sergio Batista, incluía a tres futbolistas mayores. Uno de ellos era Riquelme (los otros eran Javier Mascherano y Nicolás Pareja). Y entre los convocados también estaba Messi, quien se sumó a último momento al grupo tras una fuerte disputa entre la AFA y Barcelona que escaló hasta el Tribunal Arbitral del Deporte.

“Con él estoy igual que siempre: bien. Ustedes están creando muchos problemas comentando cosas que ya tendrían que terminar. Opinan mirando las caras de los demás y sacan conclusiones de que uno está feliz o no. Lionel está feliz y nosotros estamos contentos de tenerlo acá”, volvió a aclarar Román en la víspera del debut, al ser consultado nuevamente por su vínculo con el hombre de Barcelona. “(Mi relación con Riquelme) Siempre fue la misma, nunca hubo problemas”, ratificó Leo.

Como si aquellas versiones no fueran más que un murmullo casi inaudible, los dos socios congeniaron sobre el césped chino igual o mejor que en la Copa América 2007. Aquel equipo ganó con comodidad su grupo, superó a Holanda en tiempo suplementario en los cuartos de final, vapuleó a Brasil en las semifinales y batió a Nigeria en la final con un golazo de Ángel Di María. Así, Argentina repitió el título olímpico que había obtenido en Atenas 2004.

La sociedad Riquelme-Messi, que empezaba a dar frutos, no duró mucho tiempo más. Su último partido juntos fue el 11 de octubre de 2008, cuando Argentina venció 2 a 1 a Uruguay en el Monumental por las Eliminatorias para Sudáfrica 2010. Ese día, Messi anotó, de cabeza, tras un centro de Riquelme. Cinco días después y sin Román en el campo, el seleccionado perdió 1 a 0 con Chile en Santiago y Basile renunció.

El último partido juntos: 2-1 a Uruguay con asistencia de Román para el gol de Messi.

El último partido juntos: 2-1 a Uruguay con asistencia de Román para el gol de Messi.
Diego Maradona tomó el timón y no convocó al jugador de Boca para los primeros dos amistosos, ante Escocia en Glasgow (por pedido de su club) y frente a Francia en Marsella. Lo que parecía una situación coyuntural tuvo una deriva inesperada en marzo de 2009, cuando el enganche anunció su segunda y definitiva renuncia al seleccionado, alegando diferencias irreconciliables con el entrenador.

No coincidimos con el técnico. No pensamos igual, no nos manejamos igual, no tenemos los mismos códigos. Me enteré por la radio de que no iba a Francia y por la tele de la posición en la que el técnico quiere que juegue”, explicó el futbolista. “Si un jugador renuncia a la Selección, conmigo no vuelve más”, sentenció el entrenador.

Pero la relación se mantuvo del otro lado de la línea de cal. Lejos de los focos y de los micrófonos de la prensa, pero alimentada -a pesar de las distancias lógicas de vivir en diferentes continentes- gracias a la tecnología. En marzo del año pasado, cuando la Selección Argentina cerró su participación en las Eliminatorias rumbo al Mundial de Qatar 2022 en la Bombonera con un triunfo frente a Venezuela, Román aprovechó para pasar por el vestuario y regalarle la 10 de Boca a Messi: la foto ya es un ícono de la cultura xeneize.

Y en la primera entrevista de Messi como campeón del mundo reconoció que el vínculo con Román es estrecho. Fue en referencia al festejo como el Topo Gigio que alguna vez Riquelme le dedicó a Mauricio Macri en un Superclásico en la Bombonera y que Messi emuló en los cuartos de final ante Países Bajos para dejar en ridículo al entrenador Louis Van Gaal, quien curiosamente había sido el verdugo de Riquelme en Barcelona.

“Él (por Riquelme) también había tenido un par de encuentros con Van Gaal en Barcelona… Román siempre que habla de mí tiene títulos de ese estilo y hablamos muy seguido con él”, reveló Messi. Román había declarado: «Él sabe que lo quiero mucho, hablamos de vez en cuando, no lo molesto mucho, pero tenemos una muy buena relación. Solo le escribí cuando perdimos el primer partido y cuando ganamos la final».

Esa disputa con Maradona clausuró el tiempo de Riquelme como hombre del seleccionado y también su sociedad futbolera con Messi, con quien compartió 21 encuentros en el combinado mayor y otros 5 en el sub-23. En esos 26 partidos, Román anotó 12 goles y Leo, 9. Desde entonces, nunca volvieron a convivir en un campo. Ahora volverán a hacerlo, casi tres lustros después de aquella última función conjunta ante Uruguay en el Monumental.

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