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14 junio, 2024

Dólares del FMI: ¿alcanzarán para evitar una devaluación y salvar el «Plan Llegar»?

¿El Plan Llegar está pasando por su peor momento? ¿O ya fracasó y no nos animamos a decirlo? Para responder esa pregunta primero hay que repasar qué era el denominado «Plan Llegar». 

Plan Llegar era la forma de referirse durante julio-agosto de 2022 al intento por parte de la Administración de Alberto Fernández y el Frente de Todos, en sentido amplio -y Sergio Massa, en sentido más estrecho de quien tomaba la gestión del área económica- por impedir una corrección abrupta y de tipo discreto del tipo de cambio nominal oficial (TCNO) en el contexto del desarme de la parte del mercado de deuda soberana indexada (la parte no cautiva) y reservas netas (RIN) negativas. 

¿Para qué había que evitar el salto abrupto del TCNO? Porque es «piantavotos», responden varios casi tautológicamente y no prestando atención al «para qué».

La respuesta no tautológica es para evitar una aceleración aún mayor del proceso inflacionario, con la consecuente destrucción de ingresos reales, contener el riesgo de espiralización, dada la falta total de credibilidad y la ausencia de anclas, y evitar una fuerte caída de la actividad económica en el cierre de 2022 y un deterioro adicional de los indicadores sociales. Manteniéndose ese panorama paupérrimo y su consiguiente correlato electoral durante todo 2023. 

Herramientas con resultados decrecientes

Las herramientas utilizadas en pos de ese objetivo fueron, por el lado financiero, la intervención del BCRA en el mercado secundario de deuda y la colocación de deuda contra liquidez bancaria. Fuentes de financiamiento monetariamente expansivas que, inexplicablemente, quedaron afuera del radar de la meta monetaria del acuerdo con el FMI. 

Por el lado cambiario, la idea de los desdoblamientos cambiarios ad hoc o informales de naturaleza transitoria y la promesa de las operaciones de REPRO. Es decir, adelantar liquidación de divisas y deuda en dólares para mejorar la posición de reservas netas del BCRA.

Sergio Massa recurrió a los incentivos cambiarios a los productores sojeros como parte esencial del Plan Llegar. Pero es un recurso que da señales de agotamiento

Sergio Massa recurrió a los incentivos cambiarios a los productores sojeros como parte esencial del Plan Llegar. Pero es un recurso que da señales de agotamiento

En el plano fiscal los desdoblamientos ad hoc ayudaban a acomodar la meta fiscal, contabilizando como ingreso parte de la mayor emisión por el TCN diferencial, y se reforzaba el plan de segmentación tarifaria, que ya se sabía insuficiente para el cumplimento de las metas fiscales y de trabajosa implementación. Esto último derivó en nuevas dilaciones y complicaciones.

El costo de los desdoblamientos no sólo tenía que ver con las mayores presiones inflacionarias en el corto plazo y la inconsistencia temporal en la que se incurría. Además, se resentía aun más el balance del BCRA por el lado de los pasivos remunerados.

Todo eso en el contexto de un acuerdo o programa de Facilidades Extendidas con el FMI que ya se había reducido a un crédito puente para saldar los pagos del programa Stand By de 2018 y evitar el ingreso en atraso con el organismo, pues el mismo ya no anclaba expectativas y Argentina estaba incumpliendo y «dibujando» metas sin efecto sobre los desembolsos y aprobaciones del FMI.

En otras palabras, en buena parte, producto de la fuerte expansión de pesos por múltiples vías y el adelantamiento de ingresos tributarios y liquidación de divisas por exportaciones el Plan Llegar de Massa consistía en hipotecar el arranque de 2023 para poder cerrar 2022, a la espera que, posteriormente, una buena cosecha y la concreción de los REPO ayudará a acomodar las variables. 

En ese diseño ya quedaba claro que la formulación de la meta de 3% o 4% mensual de inflación para abril era un sinsentido de mediano plazo desde el punto de vista político y económico (gestiones expectativas). Tan temporalmente inconsistente como el resto. Pues, al igual que el resto, estaba enfocada en el corto plazo. Ayudar a cerrar 2022.

La posición de reservas netas del Banco Central muestra un marcado deterioro, y las viejas herramientas ya no dan resultado, advierte Caamaño

La posición de reservas netas del Banco Central muestra un marcado deterioro, y las viejas herramientas ya no dan resultado, advierte Caamaño

La cruda realidad de la cosecha

En ese entonces, cuando se tomaron esas decisiones, se sabía que la cosecha no iba a ser buena pues la sequía ya había afectado a la cosecha fina y desterminado que comience a posponerse la siembra de la gruesa. Es más. Eso implicaba que el trigo no iba a ayudar con un «puente cambiario» hasta la cosecha gruesa durante el primer trimestre. 

Y así fue. Fue tan malo el primer trimestre, que al cierre de marzo las reservas netas habían vuelto a ser negativas. De hecho, a pesar del «dólar soja 1», las RIN hubieran cerrado negativas 2022 si no se lanzaba al cierre de dicho período el «dólar soja 2». Lo cual profundizó la hipoteca del primer trimestre.

Y llegado el segundo trimestre, donde la cosecha gruesa tenía que salvar la ropa, pasó lo sabido. La cosecha fue más mala de lo que se preveía hasta mediados de febrero (35 millones de toneladas), dado que no empezó a llover desde entonces, como varios modelos habían anticipado. Y los REPO nunca se concretaron

Consecuentemente, seis o siete meses después, Massa ingresó al segundo trimestre de 2023, el previo al inicio del calendario electoral, con reservas netas negativas, una tasa de inflación mensual con piso de 7% mensual, un crawling peg del TCNO que, lejos de aflojar, debió acelerar, una economía en recesión e indicadores sociales en franco deterioro. 

Para colmo de males, las herramientas utilizadas antes, ahora lucen agotadas. Los desdoblamientos ad hoc requieren mayores incentivos por el lado del TCN diferencial que se paga y la amplitud de los sectores involucrados lo que aumenta su impacto en inflación. El recalentamiento de las expectativas de devaluación encarece futuros y con ello los costos financieros de las operaciones de importación. Esto y el endurecimiento del «cepo», implican presiones inflacionarias adicionales y menos actividad. 

Es decir, para evitar el salto discreto, la opción de más desdoblamientos ad hoc y más cepo es más inflación y menos actividad, en una economía que ya viene muy mal por ese lado.

El debate del momento en el mercado es si una asistencia financiera del FMI será suficiente como para estabilizar la economía en el corto plazo: hay economistas que muestran su escepticismo

El debate del momento en el mercado es si una asistencia financiera del FMI será suficiente para estabilizar la economía en el corto plazo: hay economistas que muestran su escepticismo

¿Sirve el adelanto de dólares del FMI?

Entonces, ¿el Plan Llegar, llegó? En sentido estrecho, alguno puede decir que por ahora sí, porque no hubo salto discreto. En sentido amplio, la verdad es que no. Incluso se podría decir que los riesgos de espiralización, lejos de reducirse, se incrementaron en estos seis o siete meses.  

Sólo desde lo simbólico. En la práctica, el «Plan Llegar» de Massa está roto o, siendo optimista, encallado. Su único salvavidas hoy es conseguir dólares frescos para financiar el desequilibrio, intervenir en paralelos (sí, endeudarse para sostener a brecha cambiaria debajo de 100%) y ganar tiempo.

No queda mucho más. Por eso, hay quienes ya no tiene demasiada vergüenza en afirmar que el plan económico de Massa se ha reducido a «mendigar dólares». O, incluso, todo aquello que se le parezca.   

Bonus track. ¿Adelantar desembolsos con el FMI equivale a conseguir dólares frescos? No. Todo lo que el FMI adelante de los desembolsos previstos de acá a fin de año, son fondos que tienen que usarse para pagarle al FMI de acá a fin de año. Con lo cual, el adelantamiento de fondos en el contexto actual permite cubrir el agujero de corto plazo, pero despierta el fantasma de ingresar en atrasos con el FMI en un par de meses.

Cerrando. El Plan Llegar feneció por su propia lógica procrastinadora. Hace un tiempo que ya ingresamos de nuevo en un Plan Aguantar. Con todo lo que eso implica.   

(*) Gabriel Caamaño es economista y director de Consultora Ledesma

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